jueves, 27 de marzo de 2014

Desordenada y Vacía

Desordenada y Vacía

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.
Génesis 1:2*

Las palabras ‘DESORDENADA Y VACÍA’ despiertan algo de duda, ¿Podría Dios crear algo desordenado? Para dar una explicación a tal pregunta surge la Teoría de la Brecha (también llamada la Teoría de Gap o Teoría del Lapso) la cual declara que en un momento, después del versículo 1 del Génesis, Satanás, expulsado del Cielo, vino a destruir y desordenar la Creación. Obviamente, esta teoría no tiene ningún tipo de respaldo bíblico y no pasa de especulación o manipulación en el intento de conciliarla con la doctrina de la evolución.

Leyendo estos versículos usando la semántica del idioma hebreo, podemos leer:

En el principio Dios creó los cielos y la Tierra, y la tierra vino a ser (existir) desperdiciada (sin provecho) y vacía, y la oscuridad (la palabra tinieblas tiene una connotación de actividad y juicio, contrario a oscuridad, que da un concepto de estático) existía (vino a ser) en las profundidades”.

¿Por qué no tenía un orden? 
Porque el propósito de Dios era crear vida.

¿Por qué estaba vacía?
Porque aún no había creado al hombre.

¿Por qué quiso Dios crear vida?

Al tratar de dar respuesta no puedo pensar más que en Romanos 11:34-36: “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?...”

 

Podemos manipular la respuesta ya sea de manera optimista o pesimista, lo cierto es que si hay un creador inteligente, el mismo que ‘se movía sobre la faz de las aguas’, le debemos ese don. No sugiero tratar de ‘pagarle’ (porque es imposible) sino estarle agradecidos.

 

El considerar correctamente Génesis 1 nos ayuda a refutar la absurda idea que la naturaleza es nuestra madre (Doctrina Panteísta).

 

Del mismo modo, al observar la importancia de la vida como un objetivo para Dios, nos ayuda a descartar el suicidio como un ‘plan b’.





Referencias:

Isaías 45:18:
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro”.


G.K. Chesterton en ‘Ortodoxia’:

“La esencia de todo panteísmo, evolucionismo y religión cósmica moderna, en realidad se encuentra en esta proposición: que la Naturaleza es nuestra madre. Pero si miramos la Naturaleza como madre, desgraciadamente descubrimos que es una suegra. El punto principal del Cristianismo era éste: la Naturaleza no es nuestra madre; la Naturaleza es nuestra hermana. Puesto que tenemos un mismo padre, podemos estar orgullosos de su belleza; pero no tiene autoridad sobre nosotros; tenemos que admirarla, pero no imitarla”.

Evidentemente el suicidio es lo opuesto al martirio. El hombre que mata a un hombre, mata un hombre. El hombre que se mata, mata todos los hombres. El ladrón se satisface con diamantes; pero el suicida no: ese es su crimen. El ladrón hace un cumplido a lo que roba, aunque no al robado. Pero el suicida al no robarlas insulta a todas las cosas de la tierra. Uno desea que empiece algo: el otro desea que todo termine. En distintas palabras, el mártir es noble precisamente porque (a pesar de que renuncia al mundo y rechaza a la humanidad), proclama este último lazo con la vida; pone su corazón en algo fuera de sí mismo: muere para que algo viva. Un hombre arrojó su vida. Otro hombre arrojó la vida”.

viernes, 7 de marzo de 2014

En El Principio

EN EL PRINCIPIO
En el principio creó Dios los cielos y la tierra”

Génesis 1:1 despierta un GRAN dilema entre la cosmovisión evolucionista y la creacionista (incluso la deísta). Y es que afirmar Génesis 1:1 o negarlo, es un asunto serio. Si Dios no es el Creador, ¿quién fue? Es cierto que no hay lugar a especulaciones, pero, ¿realmente podemos “chantar” esta responsabilidad a la ‘madre’ Casualidad, decir ser ateo y asunto terminado? Pues, lo anterior es ridículo.

No pretendo ahora aquí presentar argumentos de creación y evolución. Mi intención es meditar en este versículo y hacerla mi afirmación o vivir ajena a ella.

Siendo que tanto evolución como creación son ‘teorías’ (por no pasar una fase del método científico: observación) trataré de ser coherente con mis alternativas:

a)     Si acepto esta afirmación, debo aceptar la fidelidad de esta fuente y ser coherente. Si acepto la fidelidad de esta fuente, automáticamente percibiré una deidad suprema cuyos atributos y/o perfecciones se expresan amplia y claramente en la misma. (…)

b)    Si no acepto esta afirmación, puedo vivir ajena a ella y ser coherente. Puedo no aceptar la fidelidad de esta fuente o aceptar muchas fuentes. Puedo no percibir una autoridad suprema o aceptar muchas autoridades supremas. (…)

Lo tomo o lo dejo simplemente, diríamos. Pero eso NO RESUELVE NADA.

Si no hubiese Dios (suposición para creacionistas) lo peor que me pudo suceder fue no experimentar la  llamada “libertad” y experimentar la satisfacción de llevar una vida piadosa.

Si hubiese Dios (suposición para evolucionistas) lo peor estaría por suceder, el juicio.

Dios en su “ética profesional” (llámalo como quieras) no se hace “paltas”. Él se describe en su palabra y es fiel en lo que enseña. Puedes llamarlo mentiroso y negar o ridiculizar sus afirmaciones, pero no puedes cambiar los hechos o fabricarte un nuevo Dios de acuerdo a tus intereses. Dios actúa de acuerdo a su soberanía ayer, hoy y siempre.





Referencias

-       Gn. 1:1: “En el principio creó Dios lo cielos y la tierra”.
-       Blas Pascal: “Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo.


-       C.S Lewis en ‘Mero Cristianismo’: “Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático —en el mismo nivel del hombre que dice ser un huevo escalfado— o si no sería el mismísimo demonio. Tenéis que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor. Podéis hacerle callar por necio, podéis escupirle y matarle como si fuese un demonio, o podéis caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad. No quiso hacerlo.